Por qué los actores no trabajan
No
me molesta que el actor sea soñador y optimista. Es parte de su creatividad.
Aunque es importante que esa capacidad de soñar adquiera sustento en el
conocimiento y no en la ignorancia. ¿En verdad piensas que una producción gasta
millones porque está enamorada del trabajo de un actor? Que ingenuo eres.
La razón de ser de una producción es crear un producto que se venda. Es decir:
ganar dinero. No realizar los sueños de nadie.
¿Por
qué no me contratan? Sin duda para un actor esta es la pregunta más sencilla y
molesta de contestar y con la que muchas veces se martiriza día a día porque es
evidente que le encantaría saber la respuesta y la consiguiente solución al
enigma de esa esfinge a la que llamamos Industria.
Antes
de dar respuesta, analicemos lo que significa el actor para una producción, es
decir, para quien lo contrata, para la esfinge. Actor, aunque pongas jetas de
hartazgo, es importante que ya dejes de creer que para una producción lo más
importante son los actores, y que, de esos actores, tú puedes ser el hallazgo
del año. Eres importante porque estás realizando tu proyecto de vida, tu pasión.
Ahora bien, también estás buscando que ese proyecto te dé para vivir.
Lo
primero que requiere una compañía productora, es sentir que está fabricando un
éxito. Son comerciantes, pero les encanta sentirse alquimistas o magos. Que
tanto éxito tendrá una obra audiovisual, esto en un principio, lo determina el
ego de quien maneja la producción. Siempre dice que no quiere inventar nada
puesto que ya todo está inventado, por eso se dará la licencia de copiar varias
ideas de éxito. Lo que no sabe es que el éxito no está determinado por las
ideas sino por la creatividad, estructura e inteligencia con la que se muestren
y desarrollen esas ideas.
Un
productor es feliz cuando cuenta su proyecto y todo mundo se asombra, se queda
boquiabierto e impávido, no importa que sea de manera fingida como por lo
regular ocurre. No hay que olvidar que los productores se rodean de
lambiscones. Y es que, a ellos, les encanta asombrar. Así venden. Ellos son
seres incapaces de crear, y muy capaces y desvergonzados a la hora de destruir
lo que los demás crean y al final sentir que todo parte de sus ideas y
correcciones. Esto no lo digo a manera de crítica, uso el sarcasmo por
deformación profesional, pero en realidad me importa poco lo que tengan en la
cabeza estos señores ávidos de ser importantes. Que sean como se les dé la
gana, lo menciono para que el actor deje de soñar y mirarlos como el hada que
les dará todo. Esta es una manera amable de mencionar a los limpiabotas de la
industria. Nunca faltan, así que dejémoslos en paz. Aunque aclaro, si eres
actor limpiabotas, aquí no te vas a sentir a gusto.
Retomemos,
para que la producción se venda, debe estar sustentada en una historia asimilable
para la gente. Quién sabe qué quiera decir eso, pero eso piensan esos señores
importantes. Ojo que no dije buena, gran, interesante, inteligente,
sorprendente historia, pues como todos sabemos, muchos bodrios han logrado
extrema popularidad y todo término calificativo es abstracto.
La
historia depende del escritor. Sin embargo, quienes dan la cara son los actores
e incluso, los que a veces inspiran a los escritores. Ahora bien, quien mueve a
esos actores es el director. Otra aduana, otro pedante, otro mamón que se
siente parido por Afrodita. Pues este visionario, está más enamorado de sus
protegidos y del trono que estos le han erigido que de la obra que le han
encomendado. Esto no lo saben los productores, puesto que ya los enajenó
con un rollo metafísico cultural, con tintes de realidad aguda.
Que
desmitificador y pesimista es todo esto, pero, optimismo, lo es cuando se sufre
en lugar de manejarlo. El director requiere actores obedientes que lo
idolatren* y que además sean capaces de soportar un personaje de ficción. Ojo,
actores que creen ficción de la realidad. No que la copien tal cual. Una obra
es una idealización de la realidad, no la realidad.
Para
lograr esto el actor debe aprender a crear personajes. A convertir en súper
héroes o villanos memorables a seres comunes, para que sus actitudes cotidianas
sean tan atractivas que logren que el espectador las imite y haga suyas o las
repudie y las use adjudicándoselas a sus enemigos. Su encomienda es que el
espectador deje de ser él, para ser el personaje que encarna el actor. Y para
que ese personaje no pueda ser concebido si no es con ese actor. En pocas
palabras: conectar con el espectador. Suena complicado, lo es si no se tiene
conocimiento. ¿Qué escuela o técnica nos dice cómo? Ninguna, Stanislavski
hablaba de la empatía, pero no de cómo lograrla. La mayor parte de teóricos nos
hablan de esa conexión y nos la explican de maneras mágicas, es decir no tienen
ni idea de lo que dicen.
Después,
de todo ese pseudo proceso, los productores deben sentir que, gracias a sus
ideas creativas, miles de juntas, gritos, histerias, otras tantas lluvias de
ideas; correr a muchos y humillar a otros tantos; tienen entre las manos un
éxito asegurado. Es obvio que esto no se basa en lo que opinará el espectador.
Falta mucho para que esto ocurra. Aquí llega un punto importante para el actor.
En este momento el productor crea una lista de nombres o por lo menos
fotografías de actores que les den seguridad a los inversionistas. Si no hay inversionistas
no hay obra y estos por lo regular no leen la historia sino la sinopsis. Así
que las fotos de los actores empiezan a ser definitivas para la venta. No hay
que olvidar que un productor lo primero que anhela es que le aprueben su
proyecto. Y si esto ya sucedió, debe ser congruente con lo que prometió. ¿Y
saben qué prometió? Miles de mentiras. Pero eso tampoco nos importa. Lo que si
es importante es saber que uno de los argumentos básicos es el reparto que
prometió.
¿Ustedes
creen que prometió darle oportunidad a gente nueva o darle la “chance” a quien
ya la merece? Es obvio que no. La gente nueva no da seguridad a los productores
e inversionistas, ellos son paranoicos no artistas. Consideran que su patología
es su virtud.
Aquí
el caso es cómo hacer para que estos inversionistas confíen en ti o en tu foto
o casting. La gran pregunta. La contesto en la siguiente entrega.
Esto no es para que te enganches, me tiene sin cuidado si me lees o
no, sino para que busques unos días y de esos días unas horas y de esas horas
unos minutos para reflexionar lo que he dicho, pues estamos hablando de tu
carrera. Hasta la próxima.
*Ningún
actor aceptará que es lambiscón, pero no importa, es parte de su mitología.
@culturamex14
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